LINGOTES EN EL ATARDECER.

LINGOTES EN EL ATARDECER.

El sol se ocultaba tras la frondosa flora costera del Paraná, dejando filtrar entre árbol y árbol sus últimos y delicados rayos, cuando partimos en lancha desde la localidad de Las Toscas hacia Puerto Piracuá.

Con la noche cerrada sobre nosotros llegamos a las renovadas ( tras las inundaciones ) Cabañas “ El Lolo “, la inmensa luna llena reflejada en el agua, acompañada por la excelente iluminación del complejo, me hizo recordar postales publicitarias de paraísos caribeños, vistas pocos días antes.

Con un afectuoso abrazo y beso en cada mejilla ( bien al estilo litoraleño ) nos recibió Vilma, la encargada del lugar, tras una breve charla con ella a orillas del río, bajo la luna, nos dio la sensación de estar en nuestra propia casa y en familia.

Habiendo armado los equipos, y después de disfrutar de una exista cena, nos fuimos a descansar para reponer energía tras el largo viaje realizado.

El pronóstico no falló, las primeras luces del día, lo terminaron de demostrar, un cielo totalmente despejado, pero con un fuerte viento  sur este que hacia estallar inmensas olas sobre los cinco tracker amarrados frente al complejo.

No parecía ser un día de los más propicios para navegar, ni para pescar con la modalidad baitcasting. A pesar de lo negativo del día, igual salimos al río.

Cruzar el Paraná, para llegar a las costas correntinas fue todo una conjunción de sensaciones, las  inmensas olas que golpeaban y estallaban  sobre lo proa del tracker formaban sucesivos arcos iris, deleitando nuestras vistas, y por otro lado ( a pesar de navegar con los chalecos salvavidas ), la intranquilidad iba en aumento. La perecía de nuestro guía Joel dio fin a todo, en poco más de veinte minutos estábamos al reparo de la costa de la hermana provincia.

Tras un rato de trolling con señuelos de fondo y media agua, buscando surubíes o dorados, con resultados negativos, pero con un par de toques, que por impericia nuestra o habilidad del pez no terminaron en captura. Estaba claro, los dorados habían aparecido,  estaba en nosotros capturarlos.

Con el viento en disminución, más el reparo del vegetación isleña, un sol radiante que poco a poco fue calentado el habiente, el día se fue transformando en más de lo que esperábamos. Las condiciones estaban dadas,  “a nuestro juego nos habían llamado”.

Cada uno eligió color y forma se señuelo, el agua no era muy clara, hasta unos treinta centímetros de profundidad nuestros señuelos eran visibles, esto hizo que tomáramos la decisión de golpear con artificiales de colores fluo( verdes, naranjas y rojos) y  que no profundizaran más de un metro , tratando también de evitar enganches debido a los números arboles sumergidos por la última inundación.

 

A los treinta minutos de estar tirando, empezó el show de Jorge, sucesivas capturas seguidas, de dorados no grandes pero si combativos y voraces. Era inexplicable, por más que utilizábamos señuelos casi iguales y tirábamos en los mismos lugares, las capturas terminaban siendo de Jorge. Por más de una hora continuó, hasta que Alejandro cortó la racha con dos capturas seguidas,  dorados de las mimas características que Jorge, mi escore seguía en cero, pero la pesca siempre ofrece y da revancha.

La hora del almuerzo había llegado, el día  se había convertido en formidable, el viento era una suave brisa, el sol brillaba con toda su plenitud, el“ ritual” ( para todo pescador ) no se podía presentar de mejor manera. El humo de la leña mezclándose entre los árboles, el penetrante aroma a carne asada, la proximidad del río, más las charlas, hacen del asado en la isla un “ritual” único y siempre esperado por todo pescador.

La tarde era perfecta para practicar baitcasting, la usencia de viento, permitía tirar los señuelos en lugares propicios donde uno intuye que pueda estar el dorado. Uno tras otro fueron cayendo nuestros señuelos al agua, las capturas seguían siendo de Alejandro y Jorge. Hasta que pude cortar con la “sequía”, dos capturas seguidas, mi ánimo ya era otro.

Con la autoestima un poco más alta, decidí probar una modalidad pesca que hacía poco estaba practicando el flycasting . Gracias a un conocido mosquero de la zona: Marcelo Boschetto, voy tomando de a poco clases de este atrapante modo de pescar. En una pequeña bahía, donde el río volcaba sus aguas, dentro de la isla, y con la paciencia y respeto de mis compañeros de lancha, lanzaba la línea y la dejaba derivar por la corredera hacia la isla, después de unos cuantos intentos, pude poner la mosca en el lugar indicado, y por fortuna, se me dio el primer pique. La sensación es totalmente distinta a lo que es elbaitcasting, desde el “clavado” del pez, hasta la forma de traerlo, solo es la fuerza del pez y tu mano, no hay ningún medio mecánico ( como lo es un reel de bait ) entre el pez y uno, si bien era solo un pequeño dorado, va quedar grabado en mi memoria por siempre y esto se lo tengo que agradecer a Jorge y Alejandro que me hicieron el aguante para que yo pudiera lograr mi primera captura con mosca.

Despuésde esto, todo siguió igual, muchos piques seguidos de capturas de mis compañeros y yo …“sapo”.

Con el atardecer encima, y con una baja considerable de la temperatura ambiental, fuimos derivando hacia las cabañas, el día no había sido malo, muchas capturas ( calculomás de 20 ), pero el tamaño había dejado mucho que desear.

Ya llegando a las cabañas y sobre la costa opuesta a la que estábamos golpeando, decidimos hacer los últimos tiros.

La primera caña en sentir el golpe y prácticamente hacerse una U fue la de Alejandro, presagiaba algo grande, así fue, tras una considerable lucha, Joel, el guía, subió un hermoso dorado de unos 12 kg, que para la forma de pescar que realizamos es algo espectacular.

Para mis adentro pensé, si estaba ese grande, tiene que haber más. Con todas la pilas puestas, Jorge y yo seguimos golpeando la costa, el resultado no demoró en llegar, después de todo un día que prácticamente nada tocara mis señuelo, se me dio, un “lingote” de unos 9 kg. Casi al mismo tiempo Jorge “clava” otro, pero mucho más combativo, ardua pelea, pero con vencedor humano, otro “lingote” igual que el anterior. La alegría sobre la lancha era total, mas no se podía pedir, el día había terminado excelente, buen pesca, con buenos amigos, todas las capturas devueltas sanas.

Un día majestuoso, como todos los pasados en Cabañas “El Lolo”, razón por la cual siempre querremos volver a Puerto Piacuá, la gentileza de su gente, la belleza del lugar,… atrae. Pronto volveremos.

 

 

 

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