Cuando la terapia es peor que la enfermedad

Cuando la terapia es peor que la enfermedad

por  Arq. Witold Kiendzinski - Hace medio milenio, un monje agustino, clavó sus 95 tesis - por su apariencia, herméticamente teológicas - en el portón de la Iglesia de Todos los Santos de la ciudad alemana de Wittenberg… Pero el Papa las interpretó como herejías. ¿Por qué? Porque el corrupto comercio con indulgencias era el negocio principal de la Iglesia.

Lutero – el monje ese - era, desde nuestro punto actual de vista, un político derechista – igual de honesto como simplón - decidido a perseguir a toda costa a la corrupción, sin importarle los daños colaterales. Y así, luchando contra un fenómeno social pasajero, causó estragos morales hasta hoy irreparables. Fue un fundamentalista (“volver a las bases”, en este caso, al monopolio teológico de la Sagrada Escritura y el consecuente rechazo de la Tradición Eclesiástica) ejemplar, una especie de neoliberal teológico, orientado hacia el pasado, fanatizado por reglas que nunca funcionaron, desinteresado por el destino de los más necesitados ni por una visión de un futuro más humanista. Despreciaba a los judíos, hacía quemar a las brujas, exigía la eliminación física de los herejes, odiaba a los musulmanes, a los lisiados los consideraba un castigo divino. Se volcó contra la Insurrección de los campesinos, a pesas de provenir de ellos – sus mini-equivalentes latinos de hoy, al decolorarse el pelo, no se consideran más “negros”… Sin él o con él, a la larga, la corrupción desapareció, el fanatismo y la intolerancia que volcó – quedaron. Formaron el excremento sobre el que terminó brotando el nazismo que, después de matar a millones, hasta ahora desprende su hedor...

¿Conclusión? La corrupción no se puede remover basándose en el desprecio, en la prepotencia, la intolerancia o el racismo – pisoteando la ética o el Estado de Derecho. ¡Una sociedad no es corregible valiéndose de métodos totalitarios!

Cuando la terapia es peor que la enfermedad, el paciente agoniza… Hace medio milenio y hoy.

 

                                                               Colonia, Alemania, 31 de octubre de 2017

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