“Triste, solitaria y final”

“Triste, solitaria y final”

Idea y Producción de TERE CAPDEVIELLE - Durante el onganiato y hasta 1973, el viejo caserón de España esquina Independencia permaneció cerrado. El dirigente radical encargado de su custodia no dudó en arrendarlo al dueño de una perfumería -correligionario, obviamente- y por años las dependencias sirvieron para el acopio de mercadería. La historia se repitió durante la negra noche de la tiranía. Cuando la tragedia de Malvinas preludió el fin del horror, el anuncio de la apertura democrática nos envolvió como un ramalazo de aire fresco. Puertas y ventanas siempre abiertas empezaron a transmitir al barrio la euforia de nuestra pasión militante y las multitudinarias asambleas partidarias se convirtieron en la cita obligada de quienes veíamos en “RAÚL, QUERIDO” la síntesis de nuestras mejores expectativas para los tiempos que se avecinaban. Eso sí: las llaves del edificio estaban en poder de los hombres del angelocismo -la Línea Córdoba- que se denominaban a sí mismos “EL PARTIDO”.      EL PARTIDO, entonces, decidía a puertas cerradas quiénes eran los candidatos a cargos electivos, qué “SÍ” y qué “NO”.¡ SIEMPRE ¡. ¿Democracia, pero DEMOCRACIA, DEMOCRACIA..? : ¡NOOO!. En los meses siguientes al triunfo del 30 de Octubre de 1983, la Casa fue escenario en su sala principal de las entusiastas tenidas de los militantes y en los cuartos aledaños, de cónclaves exclusivos para miembros del grupejo que se llamaban a sí mismos “mesa chica”,  integrado entonces por portadores de apellido, advenedizos variopintos y alguna amante catapultada al círculo del poder ; todos -eso sí- autoproclamados amigos y admiradores del “Pocho”. EL PARTIDO se encargó prolijamente de enfriar el entusiasmo de la militancia. ¿Cómo?: cerraron puertas y bajaron persianas, desalentaron asambleas y sabotearon con tenacidad patoteril la realización de reuniones partidarias… Repitieron la “estrategia” hasta el hartazgo y lo lograron. El tiempo pasó después, paso el tiempo sin cesar, dice Nicolás Guillén… Hoy, el local de la UCR es lo que ves en la foto que hice ayer: una casona triste, casi abandonada… Una postal que se corresponde, casi a la perfección, con la triste realidad del centenario partido en vías de extinción… Qué querés que te diga… Sólo falta que decidan afectarla oficialmente a subsede de Cambiemos.  Y que  la pinten de amarillo… Es todo. Es el final.

 

 

 

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