Historia de la “Capilla” del Cementerio que Nunca fue Aceptada por la Iglesia

Historia de la “Capilla” del Cementerio que Nunca fue Aceptada por la Iglesia

IDEA  y PRODUCCION de TERE CAPDEVIELLE - El  nutrido cortejo fúnebre que  esa otoñal mañana del domingo 9 de abril de 1972 acompañó los restos de Cristóbal Zacarías “Coco” Faust, se detuvo ante el cementerio. Deudos, amigos y numerosas relaciones del caracterizado vecino fallecido el día anterior  ocuparon las adyacencias de la elegante edificación  inaugurada en fecha reciente y se aprestaron para asistir  a las exequias previstas en el lugar. La ceremonia en la flamante capilla, daría continuidad  a la actividad religiosa que se había iniciado el día de la inauguración con una misa que celebró el obispo diocesano y que contó con  la presencia de autoridades  y feligreses.  Cuando el personal de la empresa Rosso Hnos.  hizo los aprestos  para trasladar el féretro hasta el recinto,  llegó la noticia que conmocionó a todos y alteró el protocolo : el obispo Agustín Adolfo Herrera había prohibido la realización de la ceremonia fúnebre y dispuesto que de ahí en más sólo se diese misa el Día de los Muertos. La decisión del monseñor sigue vigente hasta la actualidad  y la bella construcción  devino en lo que es hoy: un lamentable depósito de  material  y  elementos variopintos que allí depositan “tutti quanti” trabajan en la necrópolis.

 

 A medio siglo…                                                                 

La iniciativa había partido  en 1968 de la Federación de Centros Vecinales  que se hizo eco de las demandas de la comunidad, en el sentido de  dar una solución a los problemas que acarreaban al tránsito citadino las largas caravanas de vehículos que solían acompañar los cortejos fúnebres  -obviamente en aquellos casos en que la  posición social   y vínculos del fallecido así lo justificaban- primero desde la casa mortuoria a la iglesia elegida para el responso y luego hasta el cementerio … Al paso de los interminables desplazamientos  era común advertir  tanto la admirada curiosidad de los transeúntes     - que contaban cuántos automóviles  seguían  al carruaje fúnebre o se  entretenían en animadas conversaciones mientras comparaban el de ese día con anteriores  sepelios-   como la airada reacción de los automovilistas  cuyos desplazamientos eran obligados  a interminables parates,  controlados por numerosos inspectores municipales  afectados especialmente.

 

 Memorias” de  Guillermo Peretti    

      La historia de la capilla del cementerio ocupa uno de los capítulos destacados de la autobiografía de Don Guillermo Peretti, durante cuya gestión al frente del ejecutivo municipal se inició y concretó la edificación.  Como comisionado, cargo que asumió en septiembre de 1970 tras la renuncia de Juan Lamberghini,   dispuso que la obra se hiciese por administración municipal.  El proyecto y dirección  técnica fueron confiados a la arquitecta Lilly Bauer.

Pudo concretarse en pocos meses y  todos los obreros que intervinieron eran empleados municipales. Recuerda Peretti en sus memorias:  “…tuvimos que trasladar los baños y construir nuevas instalaciones sanitarias. …La capilla se levantó entonces a la izquierda de la entrada principal….Era un proyecto de moderna concepción y  belleza arquitectónica… Finalmente, un sábado a principios de abril de 1972 la inauguramos en una sencilla ceremonia a la que asistieron autoridades civiles, militares y eclesiásticas; bendijo la obra el obispo Herrera….. Tenía una superficie cubierta de 150 m2, con ladrillos a la vista,  un salón para servicios religiosos, dependencias y sanitarios para los oficiantes del culto y un altar exterior con una torre…. El amoblamiento y trabajos afines se concretaron en talleres municipales….”

 

Destino trunco

El párrafo que refiere  a la prohibición , es significativo  :  “…………después de inaugurada la capilla la Federación de Centros Vecinales pidió la habilitación, contestando la Curia Episcopal  que  NO HABÍA SIDO CONSTRUÍDA EN LUGAR ECLESIÁSTICO……………Recuerdo que cuando falleció Coco Faust , hermanastro de Villafañe, muy conocido en la ciudad, la empresa fúnebre se encontró con la sorpresa de que el obispo no permitió las exequias, ante gran concurrencia de gente, enterándonos así que sólo permitiría misas en el día de los muertos. …………..El  obispo había sido consultado antes de empezar la construcción y durante su ejecución le puse a disposición a la arquitecta Bauer para que lo informara en detalle;  de allí la sorpresa porque al culminarse la obra  SE OPUSO PERSONALMENTE A CELEBRAR MISAS, quedando también sorprendidos los restantes sacerdotes ante dicha actitud”.

En síntesis:  la capilla  que fue aprobada , controlada la obra durante su ejecución y bendecida formalmente por el obispo Herrera,  no llegó a cumplir  la función para la que había sido creada  por decisión ….. ¡del obispo Herrera!..   Pasaron cuarenta y seis años. Las consecuencias de esa desdichada medida, que se permitió ignorar los anhelos, el esfuerzo y las expectativas de toda la comunidad están a la vista ahí, en la construcción que se levanta a la izquierda de la entrada del cementerio…

                                                                           

Planells no pudo con  la prohibición

En el archivo personal de Mariano Juan Planells se encuentra la documentación que da cuenta de las gestiones  que la Federación de Centros Vecinales continuó durante su gobierno ,  con el objeto de lograr que la iglesia permitiera la habilitación definitiva de la capilla  para los actos religiosos de los sepelios.  En numerosas notas,  hay constancias de la preocupación sostenida por la entidad vecinalista. La que está fechada el 5 de agosto de 1973 , con las firmas del presidente Bartolo Baudino y el secretario Bartolomé Ribba,   hace hincapié en las dificultades  que  afectaban el normal desenvolvimiento del tránsito , entorpecido por   “el embotellamiento y taponamiento de las arterias” afectadas por los cortejos fúnebres; reclama la habilitación de la capilla y destaca : “Dejamos bien claro que no nos guía ningún propósito mezquino, ni malintencionado, sino sólo la finalidad de cumplir con nuestra misión de ser útiles a la comunidad a la cual pertenecemos, sin distinción de clases sociales ni religiosos”. Planells  intentó revertir la decisión del obispo Herrera. No lo logró.

 

tampoco los editoriales de  Juan Carlos Brook

 Desde su columna editorial en el matutino, Juan Carlos Brook se hizo eco del reclamo de habilitación inmediata de la capilla. Con su estilo pulcro y objetivo, el recordado periodista expresaba el  lunes 19 de agosto de 1974  : “…………..el templo fue construido  en la necrópolis para ese fin y la población no encuentra explicación a que se mantenga cerrado, sin  cumplir su misión , luego de varios años de concluida la obra. No olvidemos que los dineros que se invirtieron en ella, tomados de rentas generales, tienen su origen en el aporte impositivo que oblan los habitantes para satisfacción de las necesidades colectivas y que la construcción de la capilla tiene esa finalidad “… Remata el artículo una pregunta que sigue tan vigente como entonces: “La no utilización de la capilla del cementerio para los fines que determinaron su edificación es un interrogante que no puede quedar sin respuesta. ¿Cuál es la razón que se opone a ello?..”… El obispo diocesano no se dio por aludido y tampoco se avino a asumir una decisión concordante con los ya antiguos y justificados reclamos de la población.

 

Otros tiempos… otras costumbres

           Pasaron casi cinco décadas… Las costumbres y ritos fúnebres  han descartado prácticamente la realización de ceremonias en las iglesias. Un empresario del rubro me aporta una estadística contundente: menos del diez por ciento de los sepelios incluye el paso por una iglesia; el resto   -obviamente si son creyentes-   opta por una oración en la sala velatoria.  Tampoco se considera indispensable el acompañamiento del féretro al cementerio; el traslado  se realiza con un cortejo  mínimo integrado por familiares y algunos allegados íntimos. La “casa mortuoria”  -antiguamente el domicilio donde se realizaba el velatorio- es  sólo una formalidad para el aviso en los medios y aporta la dirección de la familia de duelo.

 

¿…y la Capilla?

Agustín Adolfo Herrera, obispo de la diócesis de San Francisco   entre  1965 y 1988, murió el 18 de julio de 2000.  Su larga gestión pastoral no contempló la habilitación de la Capilla del Cementerio que él había bendecido primero y censurado  después porque “no había sido construida en lugar eclesiástico”. Un concepto abstracto que sigue condenando  a esa obra a una injusta marginalidad. Como lo informó el monseñor en ese abril de 1972,   sólo se la habilita con fines religiosos para el Día de los Muertos. Nadie puede dar explicación de cuál fue el destino de los bancos de madera que aún están en el recuerdo de muchos feligreses .En el amplio recinto se acumulan motos y bicicletas del personal del cementerio, herramientas de trabajo,  sillas de ruedas, transportes de féretros  y gran cantidad de lápidas  que han sido quitadas de nichos sometidos a la reducción de restos y están prontas para un reciclado del que no se habla pero que viene ocurriendo desde hace mucho.  El lugar, en admirable estado de conservación  -testimonio de la calidad de los materiales y del excelente aporte profesional de la arquitecta Bauer-  brinda cada día espacio para reuniones ocasionales  y refrigerio de los obreros municipales. Todo junto a la bella imagen de la Virgen del Carmen –designada en su momento patrona de la Capilla-, la  desoladora presencia de la mesa del altar que no fue  y  en una tenue semipenumbra que predomina,  a pesar de la luz difusa que atraviesa los coloridos vitrales y  rebota en la nada…

Agradecimientos:

*Dr. Guillermo Peretti

*Arturo Bienedell

*Archivo Gráfico y Museo

*Prof. Ronnie Bauer

 

 

 

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