Cuando los menores son problemas mayores

Cuando los menores son problemas mayores

Una crónica policial tras otra y parece que los problemas nunca acaban. La policía no actúa, la justicia que mira de reojo casi sin comunicación y los funcionarios políticos ninguno se hace cargo.

Barrio parque, barrio San Cayetano (San Francisco) barrio Acapulco (Josefina) y Frontera están siendo azotados por una orbe de menores que nadie le pones límites.

Armados y drogados se creen que no tienen límites, en barrios donde casi no existen patrullajes policiales. La mayoría de estos menores posee graves antecedentes. Los vecinos de los distintos barrios lo tienen identificados y reclaman un accionar urgente.

La semana pasada, en el último tiroteo entre bandas hubo varios heridos y los días siguientes los disparos no pararon, los vecinos aseguran que esto no va a parar.

Jueces y policías  afirman que los delincuentes juveniles son cada vez más peligrosos y que el sistema actual no funciona. Los hechos delictivos en los que participan activamente adolescentes están en franco aumento y generalmente se trata de menores de entre 15 y 17 años, aunque los delitos cometidos por chicos de entre 12 y 13 años aumentan en causas penales graves, como homicidios o robos calificados.

 

Enfrentamientos sin motivos

Los enfrentamientos entre estos menores casi no tienen motivos valederos, nunca se sabe el comienzo ni la razón. Son represalias constante, la frase es “vos tiraste yo te tiro”. El razonamiento es básico y no se miden consecuencias. Estos chicos fueron o están judicializados y saben que de una u otra forma la justicia no puede hacer nada. El concepto que prima no es la aceptación de que tienen que ingresar en un reformatorio o instituto para menores, sino que deben salir en libertad inmediatamente.

 

Armados hasta los dientes

Estos menores se vuelven altamente peligrosos cuando acceden a armas de fuego, la policía les teme, ya que no dudan un segundo en disparar. Las armas se la van pasando de uno a otros y casi nunca son incautadas en allanamientos o detenciones. Estas armas se van vendiendo entre ellos.

La gran cantidad de armas que hay en manos de estos menores es alarmante, solo basta con pasar por esto barrios y ver a estos chicos con armas en la cintura haciendo alarde de su hombría.

“Un menor con el arma en la mano es muerte segura: mata o lo matan. Por ese motivo, muchos de los homicidios de menores son alevosos y, por otro lado, un menor que logró fugarse de un instituto tiene pedido de captura y se sabe jugado”,  aseguro un funcionario judicial que trabaja en minoridad.

 

Guerra narco que no existe

EL TIEMPO averiguó sobre la versión de la guerra narco que algunos medios  venden como noticia, y pudo corroborar que la realidad que cuentan los vecinos es otra.

 Si bien estos menores consumen droga, no son los que la comercializan. “Estos chicos roban y van a comprar”  asegura un vecino. “Los que venden drogas no quieren a la policía cerca” explica otra mujer que por cuestiones obvias no quiere revelar su identidad.

La demanda de droga supera la oferta y esta es una triste realidad: “los que venden droga no se pelean entre sí. Puede haber algún caso aislado donde se baten la ‘cana’ uno con otros, pero saben que cuando entra en juego la policía todo sale más caro” siguen contando.

Sintetizando lo hablado con los vecinos, podemos decir que: Kiosco que abre, kiosco que vende todo. Visto desde el punto de vista comercial, ningún negocio es tan rentable como la venta de droga. No solo cada día hay más adictos, sino que el adicto cada vez consume más.

 

 

 

 

 

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