Crónicas Tristes… Final para un Violento, Hace 58 Años

Crónicas Tristes… Final para un Violento, Hace 58 Años

 

Carlos Martini cumplía su guardia en la Empresa Cornaglia   -ubicada por ese entonces en calle Iturraspe 889, a metros de Santiago del Estero, donde funciona actualmente un estudio jurídico-  cuando una llamada al  1829 interrumpió la calma otoñal de la madrugada en ese lunes 21 de marzo de 1960.   Se solicitaba el servicio fúnebre con motivo de un fallecimiento ocurrido poco antes en circunstancias trágicas. 

 

 

 

Fue la última vez…    

 

Apenas pasada la medianoche, en la casa de calle Almafuerte 333 René Héctor Biazzi repitió lo que  había sido una constante en la relación con su esposa Ramona Francisca Correa, madre de sus dos hijos. Insultos, amenazas y golpes se sucedieron en el contexto de una nueva agresión del hombre    y ella decidió poner fin al tormento: consiguió arrebatarle la pistola automática calibre 22 que Biazzi  esgrimía y le disparó.

 

 

 

La crónica de lo sucedido

 

 La noticia llegó a la redacción del matutino sobre la hora del cierre de la edición.  La información se lee en la página 4 del diario del martes 22, con este texto   “UNA MUJER DIO MUERTE DE UN BALAZO A SU ESPOSO AYER EN NUESTRA CIUDAD.  Como epílogo de una reyerta conyugal, una mujer dio muerte ayer de un  balazo a su esposo en esta ciudad. El  hecho ocurrido a las 0:30 en calle Almafuerte 333. Encontrábase a esa hora en su domicilio René Héctor Biazzi, argentino, de 28 años de edad, casado, pulidor, instruido y domiciliado en el lugar referido con su esposa Ramona Francisca Correa de Biazzi, argentina, de 27 años, suscitándose una discusión a raíz de que el nombrado en primer término habría hecho a ésta, víctima de amenazas y burlas  -cosa que al parecer era común y diaria-  a la que puso término la esposa disparándole un tiro con una pistola automática calibre 22, que momentos antes arrebatara a su cónyuge. El disparo dio a René Héctor Biazzi en la parte anterior del cuello, produciéndole la muerte momentos luego. Luego de ser examinado por sanidad policial, el cadáver fue entregado a los familiares  y procediose a la detención de la victimaria y al secuestro del arma empleada, instruyéndose el sumario correspondiente con intervención del juez de Instrucción y Menores”.

 

  El aviso fúnebre

 

  En la misma edición, se publicó el aviso fúnebre. Las empresas que realizaban los servicios tenían formas impresas que llenaban y presentaban en la administración del diario.  De ahí que con frecuencia (como ocurrió en este caso) apareciera la leyenda que destacaba que el extinto había muerto “confortado con los auxilios de la santa religión y bendición papal”. Participaron el deceso sus hijos, padres, padres políticos, hermanos, tíos y primos. El sepelio se anunció para las 9 de ese martes y la dirección de la casa mortuoria –Mitre 179-  corresponde a una vivienda que ya no existe.

 

                                                                       

 

El acta de defunción

 

El trámite ante el Registro Civil fue realizado por la empresa de servicios fúnebres. Se labró en la ocasión el “Acta Nro. Noventa y Nueve”  que expresa:

 

“En San Francisco, Departamento San Justo, Provincia de Córdoba, el día veintiuno de marzo de mil novecientos sesenta, a las once horas  quince minutos. Ante mí Gilberto H. Peretti Oficial Encargado del Registro Civil compareció don Luis Cornaglia, de cuarenta y dos años de edad, de estado casado, nacionalidad argentino, profesión comerciante y vecino de esta ciudad declarando que a las cero horas cuarenta y cinco minutos del día de hoy y en su domicilio  ha fallecido don René Héctor Biazzi, de nacionalidad argentino, nacido en San Francisco  (Cba.), de veintiocho años de edad, de profesión metalúrgico y de estado casado con Ramona Francisca Correa, a consecuencia de hemotórax agudo según consta en el certificado  expedido por el Dr. Juan Barberis Forno. Que el finado era hijo legítimo de Don Luis Biazzi, de nacionalidad argentino, y de doña  Felicita Alisio, argentina.   Leída esta acta la firmaron conmigo el declarante  y los testigos Don Carlos Martini, de treinta y seis años de edad, de nacionalidad argentino, de estado casado y de profesión empleado   y Don Ricardo Juan Cornaglia, de cuarenta y un años de edad, de nacionalidad argentino, de  estado casado y de profesión comerciante, vecinos de esta ciudad, de que doy fe. Sigue a la número noventa y ocho de defunción de Eloy Martínez. Firma: Gilberto H. Peretti, Jefe Registro Civil”.

 

La siempre generosa disposición del Dr. Carlos Cornaglia me permitió interpretar la magnitud del diagnóstico de muerte expedido por el forense. No es ese detalle el motivo de la  nota, pero suma al momento de asumir con honestidad intelectual  la tarea de informar. El tiempo transcurrido y los avatares padecidos por el cuantioso material que nutre los archivos de los Tribunales de la quinta circunscripción hacen imposible todo acercamiento al expediente.                                                                                       

 

 

 

El suceso en la historia oral

 

Pasaron cincuenta y ocho años.  No obstante, el impacto que el trágico hecho tuvo en la opinión pública quedó alojado en el recuerdo de muchos vecinos coetáneos de los desdichados protagonistas.   La historia oral  recuerda que Ramona y sus hijos eran víctimas cotidianas del violento que se ensañaba,  impiadoso, con la vulnerabilidad de su familia. Lo sabían los familiares  y  era  constante motivo de conversaciones  entre los vecinos. Nadie hizo nada. El  cruento final de la pesadilla cerró una etapa. El concepto de “violencia de género” no  había anclado por aquel entonces en la sociedad ni tenía presencia  definitoria en el espíritu de la ley, como ocurre actualmente.   Lo extraordinario para la época fue  la decisión del juez actuante, quien  ponderó los antecedentes del caso y dispuso la libertad de Ramona Correa.  Ella se fue de la ciudad con los niños y, dicen, habría conocido a un diplomático escandinavo con quien se   casó  por poder. En el barrio aún circulan  los trascendidos  de que se radicó en el país de su segundo esposo.

 

 

 

Un enigma…

 

 El nicho registrado como “01-1243” en el catastro del cementerio municipal, contiene los restos reducidos de René Héctor Biazzi. La placa consigna que junto a él están los de su hija  Stella Maris Biazzi,  quien murió a los 31 años el 3 de septiembre de 1987;  tenía cuatro años cuando ocurrió la tragedia de la que fue testigo presencial.

 

Un dato desconcertante en el cierre de la nota: según la información suministrada en el Área Cementerio del Departamento de Hacienda de la Municipalidad, los impuestos por esa tumba están al día y son pagados por la contribuyente  Ramona Francisca  Correa.

 

 

 

 AGRADECIMIENTO:

 

*César Omar Rodríguez

 

*Dr. Carlos Cornaglia

 

*José Orellano Petracco

 

*Arturo Bienedell

 

*Archivo Gráfico y Museo

 

*Beatriz Bertorello

 

*Elizabeth Bosco

 

                                                                  

 

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