La niña que llora de hambre en san Francisco

La niña que llora de hambre en san Francisco

 

Desayunar, almorzar, merendar y cenar es un ritual habitual para casi todos los niños de esta ciudad. Cualquiera que llegue a San Francisco sin conocerla con anterioridad, diría que aquí tenemos todo. Solo hay que salir un par de kilómetros para ver las vacas que nos dan la leche, la carne, la soja, el maíz y lo que cualquiera desearía: comida…

 

Pero no muy lejos del centro de esta ciudad, donde muchas veces la verdad se oculta y la discriminación hace el resto, los vestigios de realidad abruman y nos ponen frente a un entorno que duele.

 

Hasta allí llegaron dos jóvenes estudiantes por medio de un proyecto, para ser voluntarias en un comedor que funciona en el noreste de la ciudad, en barrio San Cayetano.  La idea era compartir un día  en el lugar y ayudar con los quehaceres habituales del mismo. Para eso prepararon distintas actividades: juegos, ayuda escolar y toda una serie de actividades.

 

Sin embargo algo no funcionaba… una de las niñas estaba ausente, dispersa, lloraba y no se motivaba con los juegos propuestos, como sí lo hacían el resto de los niños.

 

Al ver la situación, las jóvenes que diagramaban las actividades (son estudiantes secundarias) consultaron a quien dirige este comedor (a pulmón y sin ayuda oficial) por lo que estaba pasando. La mujer separó a la niña y le consultó que le sucedía que estaba tan triste, y la respuesta de la pequeña fue lapidaria: TENGO HAMBRE… HACE DE AYER QUE NO COMO NADA…

 

Luego de esta frase que lastima hasta el más duro, la niña recibió alimentos, amor y comprensión -y con su pancita llena-, se incorporó al grupo y fue una más jugando con el resto de los pequeños. 

 

Esto pasa aquí… no en África ni Centroamérica… es SAN FRANCISCO. Chicos con hambre… sin comida… cuando paradójicamente nos jactamos de querer ser el supermercado del mundo, pero ni siquiera podemos darles alimentos a nuestros niños.

 

Señores dirigentes, que gastan su tiempo en discusiones sin sentido, vayan y chóquense con la realidad. Esta niña no come si no fuera por la buena voluntad y la lucha diaria de una vecina. Ustedes… bien gracias. (¿Se puede ser tan hijo de puta?)

 

Como dijo un ex presidente de este país: En la argentina no falta comida, sobra inmoralidad. Al lado de este barrio la soja se multiplica… cada hectárea está valuada en millones… la contracara: a pocos metros una niña llora de hambre, pero a nadie parece importarle… lo que no se dan cuenta es que ese dolor de no tener que comer no se olvida…

 

Esto sucedió en Barrio San Cayetano, donde Mary Benavidez trabaja a destajo y cada día alimenta, ayuda y contiene a unos 40 niños. Prácticamente sin ayuda oficial ni de dirigentes políticos que solo llegan en tiempo electorales.

 

Quienes quieran colaborar puede hacerlo en el Comedor “Rinconcito de luz” ubicado en Enriqueta Amalbi 1806, donde los chicos almuerzan, meriendan y cenan todos los días, además de encontrar la contención de una gran mujer.

 

 

 

 

 

 

 

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