Trigo: la reunión no fue sencilla, pero va pariendo nuevo esquema comercial

La cadena cerealista empieza a parir un nuevo esquema comercial para el trigo y el maíz. Y si bien va tomando forma un sistema que afloja un poco las regulaciones existentes, a los actores del negocio todavía les queda muchos puntos claves por resolver como para poder presentar un esquema consensuado, una "foto" que ansía el gobierno y que todo indica que finalmente tendra

Exportadores, productores, corredores, molineros, acopiadores, cooperativas y autoridades bursátiles de todo el país se reunieron ayer por la tarde en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires para discutir la propuesta que Agricultores Federados Argentinos (AFA) puso sobre la mesa. El encuentro comenzó pasada las 15 y terminó cerca de las 20. No asistieron funcionarios del Ministerio de Agricultura, quienes luego de sentar los trazos gruesos que tiene que tener el nuevo esquema (garantizar un tonelaje para el mercado interno y liberar el saldo) dejaron que ahora el sector privado consensúe internamente las formas esperando que para principios de octubre lo puedan llevar -casi como un trofeo o logro que los deje bien parados de cara al recambio de la administración- a la presidenta Cristina Fernández para que ella lo bendiga y finalmente anuncie. "No fue una reunión sencilla", reconoció ante punto biz Raúl Dente, asesor de la Federación Nacional de Entidades Acopiadoras. Es que difícil amalgamar intereses privados, sobre todo luego de que las reglas de juego que puso el gobierno en 2006 marcaron claras diferencias entre ganadores y perdedores, una distancia que el nuevo esquema busca acortar. Igual, Dente, en consonancia con todas las fuentes de distintos sectores consultados por este medio, aclaró que "el encuentro fue muy productivo porque se tocaron todos los puntos" y que "hubo ambiente de diálogo y predisposición a la búsqueda de consensos". Las banderas "morales" En lo que pudo leerse como un "acto de reserva moral" la gran mayoría de los sectores dejó constancia de que creen que el libre mercado es la mejor manera de aumentar la producción de ambos granos, garantizar el abastecimiento interno y mejorar la rentabilidad de toda la cadena y no de algunos eslabones, como ocurre en la actualidad. Y luego a regañadientes, algunos mucho más que otros, y en algunos casos hasta mirándose con desconfianza, como por ejemplo entre productores y molineros, todos los actores privados parecieron optar por el "mal menor" o "lo menos malo", tragaron saliva y se arremangaron para dedicarse a darle forma a un sistema que afloje un poco el cepo que sufre el comercio de trigo y maíz desde 2006. Un dato que ayer muestra que las opiniones se están alineando entorno a la propuesta que hizo AFA, cuyo espíritu es muy a pedir de lo que busca el gobierno, es que nadie sacó los pies del plato rechazándola de plano y poniendo sobre la mesa otra alternativa. Todo lo contrario, la puja de intereses entre sectores fue para que el plan contemple lo más posible las conveniencias de cada eslabón sentado ayer en la mesa. En líneas generales, el plan de AFA consiste en que el Ministerio de Agricultura determine (en base a estimaciones de cosecha y declaraciones de los productores) un tonelaje para abastecimiento interno y otro para exportación. Así, cada productor cuando levante la cosecha tendrá dos certificados (uno de "Abastecimiento Interno" y otro "de Libre Disponibilidad") y como todos los actores del mercado están en condiciones de exportar sin cupos predeterminados o nominados se generaría más competencia por la adquisición de la mercadería a exportar y se mejorarían los precios.

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